Asociación Estás en Babia

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Patrimonio Inmaterial en Babia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Patrimonio Inmaterial Pachuezo Filandón Baile Chano Calecho

El calecho, al igual que el filandón, otra de las costumbres populares de la montaña leonesa, también consistía en una reunión entre vecinos, pero aportando matices y elementos propios, que lo difieren claramente del segundo. El calecho podía organizarse durante cualquier día del año, es decir, no tenía límites estacionales, y tenía lugar en veladas que se celebraban siempre antes de retirarse la gente a cenar. Otra diferencia notable es que a él se solían incorporar todos los vecinos, a diferencia del filandón, que congregaba habitualmente a los mozos y a las mozas de cada pueblo. La intención, no obstante, era similar, pues durante esas reuniones se aprovechaba para contar multitud de historias, incluso cuentos y leyendas, o anécdotas referidas a cualquier asunto que tuviese relación con las vicisitudes diarias de cada pueblo. No faltaban los chismorreos más o menos venenosos, la evocación de las ausencias o el interés por cuestiones domésticas o de salud. El calecho tenía, si se quiere, un sentido más ligero y a la vez más picante, acaso porque la trascendencia de las conversaciones y el atrevimiento de los juegos, cobra siempre más relevancia en la densidad de la noche invernal. Pero al igual que el filandón, tupía y daba consistencia temporal y física a la trama de las relaciones sociales, convirtiéndose en una especie de rito informal pero estable, como si el contacto de las personas que viven en un medio hostil requiriese del escudo protector de sus palabras.

En uno y otro caso, siempre nos encontramos ante un grupo humano que se va modificando y diversificando, por ósmosis, según corren las horas. En un rincón se desarrolla, entre silencios calculadores y golpes en la mesa (ahí es nada cantar con ímpetu amenazante las cuarenta), la timba del tute. Los niños y los viejos - dos veces niños - se acercan al fuego y lo miran con una mezcla de asombro y placer. Las mujeres simultanean sus elaboradas tareas textiles -como coser, bordar o tejer-, con los chismes de lo acontecido en el día a día de los pueblos. Los jóvenes, con una astucia remolona, se van quedando en la periferia, y de vez en cuando, como fruto de algún pellizco o un comentario subido de tono, una voz femenina lanza un gritito hipócrita. 0 súbitamente, en medio de los susurros o el silencio, sale a relucir el "cuento" de turno, el chiste del gracioso o del que trata de escandalizar a los más impresionables. De forma metódica y con el justo alarde, se pasa revista a las cacerías y a la pesca clandestina, las perdices o conejos abatidos, las hermosas truchas capturadas en el río. Nada se deja al azar, aunque todo tiene, en sentido lúdico, un aire caprichoso y afable.

Nos hallamos, por tanto, ante sendas fórmulas de participación social específicas de la montaña babiana, dos reuniones que, insertadas en las tardes que precedían a la cena o en las interminables noches invernales, se constituían como un importante y espléndido –casi sagrado- elemento de transmisión de la rica cultura oral babiana.

   

 

Asociación sin ánimo de lucro, que entre otras cosas, trata de contribuir y atender la promoción , difusión y gestión de sus asociados, de la conservación y defensa del paisaje y de la arquitectura, la pureza, salubridad y belleza del medio ambiente, procurando la exaltación de los particulares valores turísticos de la Comarca de Babia.